Salte la navegación

¿Cuál sería, pues, el sentido de ese silencio primordial que se esconde en la naturaleza? ¿Tendría ésta un valor más allá del simple suceso que me deja anonadado -no en su maravilla, pues esto es ya sentido, sino en su condición de aparencia de algo más-? Si nos quedamos con el silencio que el universo despliega ante nuestra finitud, por supuesto, caeríamos en la virtud de su mera apariencia, sería un simple espectro del sentido. Pero al momento de la sorpresa que trae, en su apariencia, lo que se significa para nuestra percepción, en la inteligibilidad, el enigma aflora. Es decir, el mundo, como significante comunica ya que su estructura puede ser inteligible. La inteligibilidad de la que hablamos aquí no es un discurso, un pretexto humano para armar una idea compleja sobre lo que no comprende, sino una apercepción.

Esta apercepción se volvió icónica en el mundo de los antiguos en un sistema de signos funcional que, ciertamente, comunicaba y traía al sentido la forma del cosmos. Hablamos de la arquitectura como codificación del orden astronómico nacido de la observación -y la contemplación-. Observación significante y contemplación significativa. El orden de las estaciones, la vía láctea, las constelaciones, la salida y caída del sol, el día y la noche, etc., son todos ellos significantes del cosmos. Pero la adecuación significante -la arquitectura- de este mismo orden, traía a escala humana su totalidad. De hecho, su inscripción. La estructura significante, tanto de la rugosidad de una piedra como su tallado, son ya escritura, forma semántica que se vuelve representación. El cosmos hablaba; los cielos y su orden astronómico se codificaron como lenguaje.

Ahora bien, si la arquitectura se hizo icono del orden cósmico, entonces el cosmos es ya lenguaje. Adscritos a la observación y a la contemplación, los hombres fueron capaces de ver en el significante del mundo un código. Esto es, una estructura de significación: el significado cifrado. El significado encuentra su co-relato en la contemplación. Es, entonces, cuando el silencio se enuncia. Y no decimos que esto es un invento humano, sino que pertenece al mismo orden de cosas y acontecimientos: para descifrar el código, debe haber un receptor, éste es el hombre, quien, inscrito en una realidad que le supera -la intemperie, el mismo cosmos, etc.- forma parte de la misma. Es, él mismo, protagonista de una realidad disponible en sus manos.

No es casualidad encontrar valores semánticos semejantes de lo astronómico en diversas culturas (la hebrea, la egipcia, la mesopotámica, la griega, etc.). Aunque sí los mitos tejidos alrededor del asunto, en el sentido antropológico del término. Esta sutil diferencia invita a espigar en el campo del paradigma lingüístico, en cuanto a la semántica de los términos usados para las estrellas y su relación con un código cósmico iconizado en la arquitectura y, tal vez al mismo tiempo -si no, antes-, enunciado -traído a escena- como relato de una historia en común. La historia del sentido de la realidad objetiva.

Los criminales, cuando son poderosos, terminan siendo actores de un escenario tétrico que les fascina. Hundidos en la figura sobrenatural que la impunidad les otorga, son los personajes principales de su propia locura. Como el caso de, justamente, el “Loco” en la novela de Juan Carlos Castillón, de quien se dice:

Era cuestión de tiempo antes que alguien le bautizara Sidney Greenstreet. Se parecía al actor. Vestido de lino y seda blanca, sólo le faltaba el fez rojo para entrar en Casablanca -la película, no el restaurante de la calle Ocho y la Veintitrés Avenida. (Nieve sobre Miami. Debate. Barcelona: 2003. p. 38)

Otros asesinos y traficantes son denominados “hijos naturales de Scarface y Miami Vice” . Pero este “Loco”, cuyo inconsciente es comparado con los códigos televisivos y holywoodenses sobre criminales, cuestión que no concordaba con su entorno,

eso no le impidió … tener una chaqueta informal de lino blanco como la de Sonny Crokett, un traje blanco como el del asesino en La banda en la mano, una breve coleta como Andy García en Ocho millones de maneras de morir. Películas todas ellas que vio de la misma manera que toros ven documentales educativos. (p. 42)

Asimismo, a su jefe “le gustaban las viejas películas de gangsters y los best sellers. Había leído El Padrino seis veces… una gran novela que había influido mucho en su vida, pero nunca había tratado de parecerse a un personaje de la novela” (p. 50-51), y sin embargo, el criminal no escapa de la idiosincracia de su grupo o la imagen holywoodense; del sueño delirante de su embriaguez.

La tríada lucro-poder-fama, cuando son alcanzadas, despiertan la ilusión superlativa del ser simbólico, en otras palabras, la identidad de ensueño que  es capaz de realizarse. Justamente es eso lo que se proyecta en este juego simbólico: la identidad. Por ejemplo, los narcocorridos afirman el aspecto simbólico del “jefe de jefes” (título, dicho sea de paso, de una película -Boss of bosses de Dwight H. Little-), el señor “de los cielos” o el amo de lo que sea.

Algo más: cuando la tríada mencionada comienza a realizar su viaje, el principio de identidad opera con mayor fuerza (a veces, la fama se remite a los códigos de los grupos criminales como una intercomunicación; una “fama” como carácter ya sea comunitario o individual). Por ejemplo, ¿qué valor semiológico tiene el hecho de hacer público un signo -y un código- por parte de una organización criminal? La revista Proceso publicó en la portada de uno de sus números el escudo del Cártel del Golfo. Es digno de llamar la atención, sobre todo por la forma en la que fue dado a conocer.

Proceso. Edición 1610, 09/09/2007El escudo se encontraba impreso en una carta mandada al abogado de varios empresarios, por lo que le otorga ya una función específicamente metalingüística (y por supuesto, fática y referencial). Metalingüística porque cifra su mensaje y se establece como un signo contextualizado en una relación formal -en la que los destinatarios indirectos de la carta fue un grupo de empresarios y que convierte esta formalidad en una relación comercial: el escudo es una marca de identidad; una forma comercial de presentarse en público como lo es un logotipo-.

Fática porque tiene la intención de hacerse presente y referencial por el contexto que hemos mencionado. La cuestión es que, como en todo símbolo, emerge el sentido oculto de su propio código. Recordando a Émile Benveniste, la enunciación es un “acto de habla”; un “poner en escena” el pensamiento que comunican las palabras. Aquí estamos ante el mismo caso aunque en diferente formato. El símbolo es una escenificación. Charles S. Peirce habla del signo como aquel que está en lugar de otra cosa.

El simbolo -el escudo- está en representación de su emisor y “habla” en su lugar, como un embajador representa al presidente de una nación. Es aquí cuando el símbolo es fático.

Lo más interesante es el discurso detrás del símbolo, todo eso que “no dice”, en el sentido lingüístico de la enunciación y que llega a tener un valor cultural.

Resulta ser un icono en varios sentidos: 1) según el contexto referido; 2) conforme al discurso criminal en la historia. Ninguna de estas dos opciones son necesariamente explícitas o intencionales. La primera opera de acuerdo al receptor: un abogado (directo) y los empresarios representados por él legalmente (indirecto).

La segunda le da un valor cultural y entra en la línea histórica de la representación simbólica de los grupos criminales en la afirmación de su identidad. Tal es el caso de la bandera pirata, que tuvo, entre otras funciones, la de asustar a los navegantes, mas sobre todo, la de ser un signo nombre.

Si recordamos la emblemática de Filippo Picinelli con toda seguridad el escudo es un emblema excepto por el lema que no aparece (a menos que tomemos como tal las siglas superiores).

Bandera de Christopher Moody

Bandera de Christopher Moody

Ahora bien, regresando a las banderas, los colores usados por el escudo y éstas son los mismos. Por ejemplo, en la Christopher Moody o la de Edward Tech Barbanegra. Psicológicamente hablando son colores (rojo y negro) que, según elcontexto, representan violencia, oposición, rebeldía, etc. Semiológicamente hablando son los colores del crimen organizado, de los piratas. Aumentando el amarillo, ¿es sorprendente el parecido?

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/0/04/Pirate_Flag_of_Blackbeard_%28Edward_Teach%29.svg

Bandera de Barbanegra

Sin título Una de las piezas que más me gustó de la exposición “Post cartografías en universos fragmentados”.

Debo decir que el material expuesto fue muy interesante aunque, lamentablemente, los comentarios del curador no. Creo que puede sacarse una explicación más valiente que la descripción superficial de un trabajo como este.

No soy un experto, sin embargo me gustaría decir que esta pieza evoca una maqueta arquitectónica y que es ingenioso utilizar una caja de medicina para ello. Esto demuestra que el artista no necesita hallar algo “más allá” de lo que está delante de sus ojos. La caja solo fue manipulada, como reza la acotación del título: “caja de medicamento Riopan intervenida”. Eso es todo. La misma caja, pero vista en 4 dimensiones; un objeto sin gran valencia que se desliza al espacio fuera de sus límites de diseño.

Si se nos presentara la caja, o mejor aún, el diseño de la misma -antes de ser caja tal cual-, veremos que su forma caótica es como un rompecabezas que reta a ser armado. Sin embargo, aquí estamos viendo el estado “post” de la caja: después de su uso y funciones. No es siquiera basura, es la función de su extrapolaridad -solamente adivinada por el artista- asisitida por la mirada del expectador. Sugiere, a la vez, la maqueta de una casa. Es, pues un cuerpo de 4 dimensiones: capaz de ser recorrido, habitado, descubierto; escultura fugaz adoptada por el espacio.

Algo ciertamente se afirma: espacio vuelto tiempo en el desliz de los cortes de la caja. Ésta traza una dirección y, aunque herida por el espacio, escinde como extensión de sí el tiempo, fuera de sí y de su propia forma habitada.

La estructura de la creación es icónica mas su adecuación significativa está en el cero, un valor que antes de ser simbólico es funcional (la numeración por posición, es decir, la cifra determinada por su posición fue madurada hasta el s. VI d.C. y desde el principio se indicaba un lugar vacío para las decenas, centenas, etc., este lugar vacío le correspondió más tarde al cero.)

La representación gráfica del cero no es gratuita; como un círculo sugirió la bóveda celeste, el cosmos. Los indios creían que este punto geométrico era “el punto original, dotado de energía creadora, capaz de engendrar el cosmos, punto arquetípico, síimbolo del universo en su forma no manifestada, antes de transformarse en el mundo fenoménico de las apariencias” (Ouaknin, Marc-Alain. El misterio de las cifras. p. 73).

Así, podríamos decir, surge la enunciación de algo que es la fuente de todas las causas; misterio, también, de lo invisible. A pesar de su invisibilidad, el vacío es padecido; la ausencia asentúa los rasgos de lo que no está presente (y a su vez, pudiera estarlo, como el caso de la saudade). El vacío y la ausencia se ponen en escena por medio de los rasgos de lo que está al alcance de los sentidos. El vacío es, al mismo tiempo, un rasgo de lo innombrable, pero sólo puede ser entendido en relación con lo que lo supone: el silencio mismo del mundo o, mejor dicho, la significación del mundo mismo (la naturaleza, el cosmos, el funcionamiento orgánico de los cuerpos, etc.) de otra forma que el lenguaje humano.

Me gusta la forma en que Paolo Fabbri apunta la reflexión semiótica hacia el sentido del lenguaje no verbal. Él habla, por ejemplo, de un cuadro (una imagen artística):

Pondré un ejemplo muy sencillo. Tomen un cuadro, y traten de decir lo que hay en él. Cualquiera de ustedes es capaz de nombrar todo lo que hay en el cuadro. Después analicen las cosas que hay en el cuadro. En realidad, ¿qué cosas están analizando? Están analizando las palabras con las que han descrito. Dicho de otra forma, los elementos que aparecen en el cuadro, son, simplemente, los que sus palabras han logrado describir.

Pero ¿existe un significado del cuadro que pueda percibirse de otro modo? Es decir, ¿existe una organización del sentido del cuadro que recurra a unidades expresivas no coincidentes con lo que pueden descubrir las palabras en el cuadro? La respuesta, por definición, es sí. (Fabbri, Paolo. El giro semiótico. Gedisa, Barcelona: 2000, p. 44)

Fabbri no es el primero que reflexiona sobre esto, ya Thomas Sebeok lo revisa en Signos: una introducción a la semiótica, sin embargo lo hace de otra forma, la forma que nos atañe aquí. Citamos el ejemplo de Fabbri porque es sencillo. El propósito es revisar ese otro tipo de lenguaje, no verbal y describirlo como sentido para nosotros.

Una vez alguien me preguntó si semióticamente hablando, Dios era un signo. La respuesta puede ser infinta si lo vemos desde el punto de vista del representamen en el esquema triádico de Ch. S. Peirce. Desde el punto de vista social del signo es algo arbitrario que depende de la cultura y sus discursos. Desde el punto de vista integracional sería un valor que depende de la circunstancia que lo generó…, la cual, ¿quién conoce? (tal vez por esa insuficiencia resulta sencillo concluir que Di-s viene a través de una idea sensible) y, por lo tanto, se diría que es un signo generado por seres humanos. Pero, ¿de qué otra manera alguien pudiera conocer a Di-s si Él mismo no se manifestara a los grados de una significación sensible?

Sin embargo, se me ocurrió que dentro de los elementos que componen la semiosis Di-s sería, en abstracto, el sentido. No un sentido circunstancial, sino el sentido mismo; el sentido de los sentidos. Y esto me parece ser suficiente aunque complejo por explicar. Pero si hubiera una significación de Dios (Su existencia, Su poder, Su carácter, etc., etc.) supongo que es algo que, como enigma per se, sería capaz de cobrar Él mismo. Si Él se ha manifestado en algún momento de la historia humana (pues seguramente sus manifestaciones tanto anteriores como posteriores a esta historia), eso es algo que ha decidido comunicar aún a quienes están repletos de discursos sobre lo divino o no…, pues considerándo el asunto dentro de una historia del signo, el ser humano nunca vivió sin significación.

Esto quiere decir que Dios ha decidido entrar en la generación de discursos humanos que pudieran entender Quién es Él. Pero, no es tan fácil decirlo sin que Él lo haya diseñado previamente. Quiero decir que si alguien como Él quiere darse a conocer, por qué tendría que permitir un mensaje erróneo sobre Él mismo dado por plagiarios (porque de esos mensajes o discursos existen miles). Sería absurdo. Pero, ¿cómo vamos a distinguir Su mensaje del de los demás, quiero decir, del de los hombres? O mejor aún, ¿cómo, en medio de las significaciones sobre Di-s está Él? Aún más: ¿Algunas de esas significaciones Él mismo las ha otorgado?

Existe en elemento que concentra grosso modo la cuestión de Di-s y esta es la naturaleza. La naturaleza no es un discurso, es una exterioridad que no hemos creado, vivimos en ella. Lugar común: es tan perfecta que sólo un Ser superior debió haberla creado. Esta perogrullada parece quedar en el cajón del olvido sólo por ser tan obvia; es como una de esas verdades instantáneas que se agotan en su llamarada. Pero no la naturaleza. La naturaleza extiende esa verdad. La vuelve enigmática.

Esta naturaleza existe, como diría Lévinas, a mi pesar; que me invade, que está a pesar de mí y existe sin mí; sin que lo dirija ni lo controle; sin que sueñe con ello o aún construyendo un discurso al respecto. En ello está la estructura de una organización íntima a mi ignorancia y que se sintomatiza en mi relación perceptual con ella. Finalmente, formo parte de ella pero al mismo tiempo soy diferente de ella. En fin, la cuestión es la siguiente: esta creación se erige como huella de su propio origen. Pero no solamente su origen biológico, químico, etc., sino su origen existencial, su origen como estructura, organismos… Su función; su lenguaje.

Ya hablar de lenguaje es contemplar esta naturaleza como un sistema (no necesariamente humano, pues la semiótica ha hecho estudios de tipo etológico y biológico respecto de otras formas de vida), pero me gustaría añadir: como una red de infinitas relaciones entre elementos (signos) que estructuran un todo. Estas relaciones pueden servir de modelo para observar ese todo (relaciones entre estructuras y semiósicas).

Es por eso que los signos que mejor se acomodan para comprender esto son el índice y el icono. Biológica, cósmicamente hablando son fenómenos (indexicalidad e iconicidad) por los que el reino animal, el vegetal y el mineral está sustentado; funcionan a través de ellos. En un salto en relación a lo mismo, el cosmos también se “comporta” de esta manera (las leyes físicas, cósmicas, bioquímicas; las estructuras matemáticas, etc.)

La iconicidad, sobre todo, se yergue como el modelo semiótico de la estructura del universo, sobre todo porque es totalmente matemática. El icono existe cuando hay un diagrama basada en una estructura previa, un referente. Pero, ¿de dónde sale el referente y cuál es su origen? Justamente en el sentido del origen está el del principio, significado cultural y matemáticamente como el vacío y lo ausente y a la vez, como origen.

El cero pasa a ser el punto de nuestra reflexión.

Como se sabe, la sinécdoque, sin entrar en detalles, es la figura retórica que toma el todo por la parte. Esto es: el fragmento de una totalidad engloba esa totalidad; puede llegar a sugerirla, puede suprimirse toda ella en él. Este recurso del lenguaje es como una forma de construir un discurso, y así se acerca a la epistemología. La forma de conocer el mundo y entender la realidad puede ser sinecdótica; viendo -y viviendo- la vida por sus detalles, sus huellas, sus puntos.

Sería interesante agregar que el mundo puede ser conocido a partir de sus huellas, pero eso está fuera del propósito de esta reflexión. Lo más directo sería decir que el mundo es, por períodos temporales, cada fragmento. Un fragmento en cierto momento, otro más tarde, otro ahora. En la mente de una persona con síndrome de Asperger (SA) es así: la totalidad es incógnita, sólo viven sus fragmentos.

Roy Harris puntualiza esto y lo hace parte de sus apuntes respecto de la semiótica integracional concluyendo que “es como unir los puntos en un libro de colorear infantil y ver cada punto pero no lo que se dibuja cuando estos se unen” (“Integrating Autism“, traducción mía). Harris enfoca su propuesta hacia las dificultades que existen sobre el lenguaje en el espectro autista. En el caso del síndrome de Asperger esta dificultad no consiste en no comprender la semántica, dice:

desde una perspetiva saussureana no [hay] ruptura comunicacional: los sonidos emitidos por el profesor “encendieron” los “conceptos” correctos en el cerebro de Daniel, y el cerebro de Daniel dio una respuesta apropiada [...] Ergo, lo que haya salido mal jamás tuvo que ver con el lenguaje. Aquí podríamos poner el dedo en el punto preciso donde los lingüistas ortodoxos hacen un compartimento entre ‘lenguaje’ y ‘mundo’. (Trad. mía)

El texto, finalmente, dice: “En otras palabras no es un problema de relacionar el lenguaje con el mundo, sino el de integrar varias partes para formar un todo” (traducción…). Esto se corrobora fuertemente cuando en el funcionamiento neuropsicológico del diagnóstio de SA, la teoría del déficit de la “función ejecutiva” declara la incapacidad de “secuenciar y organizar los pasos necesarios para solucionar un problema” (DELETREA. Un acercamiento al síndrome de Asperger: una guía teórica y práctica. Con la colaboración de Dr. Josep Artigas. Asperger Andalucía, Sevilla: 2007. p. 19).

Asimismo, entre las pruebas sobre el funcionamiento cognitivo, la de “‘cubos’ (cuya ejecución requiere centrarse en los detalles a costa de la imagen del todo)” es una en la que los llamados “Aspies” tienen alto puntaje. “Sin embargo suelen mostar puntuaciones más bajas en la tarea de ‘rompecabezas’ (que exige formarse una imagen global de la figura), en ‘comprensión (ya que muchos de los ítems que componen esta prueba exigen realizar juicios sociales y resolver situaciones hipotéticas con un contenido social).” (p. 23) 

Es intersante dar cuenta que el entorno social como contexto y totalidad son elementos que están ausentes en la resolución de problemas de ese tipo así como la totalidad de una imagen se abstrae de sus detalles. La sinécdoque, que contempla la totalidad en sus fragmentos, se superealiza como totalidad ella misma, siendo un fragmento todo lo que puede haber, pero al mismo tiempo una incógnita sobre lo que será y puede ser como totalidad. El todo es como un abismo en el que la semiosis está, en aperiencia, ausente.

Uno de los textos que más han llamado mi atención es el capítulo 7 de Josué, el sexto libro de la Biblia. El capítulo no puede leerse solo, es obviamente necesario leerlo en su contexto, por eso hay que comenzar con el capítulo 6. La historia es más o menos conocida: la caída de Jericó. Esta ciudad ha sido proclamada por Di-s como anatema, así nadie puede tomar botín de ella de nintún tipo: todo debe ser destruido. Y entonces comienza el capítulo 7: “Pero los hijos de Israel cometieron una prevaricación en cuanto al anatema”.

Nadie lo sabe hasta que un síntoma comienza a manifestarse: el pueblo de Israel está siendo derrotado. Josué, el líder, está sumamente desconcertado y, en su espanto va con YHVH para pedirle consejo, y le responde: “Levántate, ¿por qué te postras así sobre tu rostro? … Israel ha pecado, y aún han quebrantado mi pacto que Yo les mandé; y también han tomado del anatema, y hasta han hurtado, han mentido y aún lo han guardado entre sus enseres”. Y entonces comienza el planteamiento del diagrama. Esto sólo puede ser explicado con fascinación en un lugar aparte (Iconicidad (catástrofe y fractal) en Josué 7.)

Si vemos la vida con detenimiento, nada es tan superficial como creemos. Así, todo comunica algo, ¿pero cómo y luego… por qué? Comienzo con la iconicidad y su lógica desde el punto de vista del espectador. En este enlace está lo que quiero decir en el comentario a una foto: http://www.flickr.com/photos/kurasaybo/2618043741/in/set-72157606033738632/

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.